Nada como finales del siglo XX que nos permitió quedarnos en casa para conocer el mundo. Se acuerdan cuando el teléfono era la manera para comunicarse con el noviecito, que además conocíamos personalmente. En ese momento podíamos decir “me gusta o salgo con Mengano”, “Sutano es alto, bajo, gordo, flaco, lindo, no tan lindo, aburrido, cariñoso”, etc. La comunicación directa nos daba la posibilidad de conocer a esa otra persona realmente, lo mismo que nuestras amistades y familiares conocían a Perencejo. Pero bueno, llegó el internet y a ponerse modernos.
La cita, el baile, la rumba, la tarea, qué se yo, todo se arregla por internet, ya sea por tu PC o tu teléfono.
El detalle es que además de lo anterior hasta el romance puede empezar y terminar por la web con un ser virtual. ¿Arriesgada la experiencia? Claro que sí. ¿Impersonal? No sé. Ya se vuelve usual y es lo “común”.
Qué pasa que no queremos arriesgarnos a que nos conozcan tal y como somos y nos damos a conocer tras un apodo, y un montón de fantasías. Ojo que conozco gente que ha dejado todo y se ha lanzado en la búsqueda de su pareja virtual y dicen ser felices.
Pero dónde quedó, para algunos esa vieja rutina de la cita en el cine, o la cafetería, fiesta u otros, y se convirtió en “¿chateamos a las 10”? Para algunos es tan obsesivo que “si se me dañó el internet en la casa u oficina tengo que buscar un café-internet para hablar con Menganita”. Parece que la relación fuese con la máquina y no con un ser humano.
Por otra parte, están los que se proyectan como Brad Pitt o Angelina Jolie haciéndose pasar por la antítesis de lo que son.
Otros más ingenuos recurren a “soy normal” cuando les preguntan cómo son físicamente. Qué chasco cuando se conocen personalmente y lo de “soy normal” es normal en Marte.
Bueno que es la parte humana del chat, cuando la gente se conoce. Hay otros que se ponen edades para poder entrar en ciertos salones de conversación. Los hay chicos que quieren pasar como adultos, y adultos que se hacen pasar de pelao’s. Esta es la parte peligrosa. Y estoy segura de que muchos han escuchado alguna de esas terroríficas historias en las cuales una chiquilla terminó fugándose con un desconocido que le prometió cielo y tierra.
¿Que nos está pasando que no queremos arriesgarnos a sufrir y disfrutar humanamente dentro de una relación de carne y hueso? Será que tenemos miedo a que nos hieran como en relaciones previas, y el dolor se puede mitigar conversando con un desconocido al cual podemos manipular con tan solo oprimir un botón cuando nos sentimos vulnerables. Dice un refrán: ojos que no ven, corazón que no siente. ¿Será que estamos evitando lo inevitable que es relacionarnos frente a frente? ¿Será que dudamos de nuestros atributos y sentimos que podemos ser rechazados si nos conocen personalmente?
Ojo, cuando se vuelve adictivo. Y no hablo de navegar la web para pasear y conocer. Hablo de entablar relaciones exclusivamente de este tipo o de mantener la relación actual (con una persona que conocemos y frecuentamos) y otra paralela en la internet “porque eso no es infidelidad”. Hay personas que llegan a mantener relaciones sexuales (con altos contenidos sexuales en sus conversaciones) que han sustituido las habituales relaciones humanas. Pareciese que las relaciones interpersonales pasan a un segundo plano al idealizar este romance virtual, plagado de fantasías porque no lo o la podemos ver.
Algunos dirán que es una opción para los que no tienen tiempo para salir y socializar o para quienes no tienen suficiente dinero para invertir en una cita o para quienes se sienten escasos de atributos. Y qué tal si revisamos cómo anda ese sentimiento de soledad que hace a algunos buscar refugio y compañía en la web. Y que no hablo sólo de gente joven, hablo de adultos en busca de algo que les hace falta. Eso que podemos llamarle relajo, infidelidad, falta de compromiso, diversión, mentira y engaño.
Utilizar el recurso para jugar con otros hace que el avance tecnológico pueda perder adeptos. Este recurso es tan necesario para algunos como salir todos los viernes a la discoteca, es el refugio de algunos o el laboratorio para otros (ensayo y error).
Lo interesante y divertido es cuando queremos pasar de lo virtual a lo humano y nos ponemos en contacto con ese desconocido (a) y nos damos cuenta de que la fantasía se puede convertir en realidad cuando dos almas fueron sinceras en la búsqueda de emociones.
Por: Lourdes Berrocal de González
Terapeuta familiar y de pareja
Via | Prensa.com