A pesar de su alta demanda, la pornografía tiene un signo negativo. Vicios, abusos, adicciones, perversiones y voyerismo son asociados a ella y responsables de la mala fama. Pero tiene un lado más esencial, donde se despierta en el ser humano su natural búsqueda de la observación sexual para aprender, imitar o indagar en lo desconocido.
lanacion.cl
La pornografía es asociada principalmente al comercio. Se consigue dinero aprovechando las necesidades prohibidas de otros.
Alguien quiere ver, tocar, buscar nuevas sensaciones y la pornografía la entrega a cambio de dinero. Es el mercado negro de una práctica que socialmente se reprocha, pero que muchos buscan.
El término al igual que su desarrollo ha ido a la par de la historia y sus costumbres. Su origen en Grecia, remite a la palabra “porno” que significa “prostituta” y “grafía” a “descripción”, es decir, “descripción de una prostituta”. Pero desde ese tiempo hasta ahora el término se fue adaptando a los tiempos y sobretodo a los adelantos tecnológicos, la aparición de la fotografía marca un antes y un después y en la actualidad internet también transforma sus prácticas y significados.
Se instaló el cristianismo en Occidente y las manifestaciones gráficas de sexualidad se convirtieron en tabú, en muchos aspectos vigentes hasta hoy. En el siglo XXI cada país legisla sobre lo permitido en materia sexual y pornográfica, pero el consenso es prohibir la pornografía que involucra a niños y niñas.
Hoy consideramos pornografía a la exhibición por distintos medios de los genitales o los actos sexuales de cualquier índole. Se define también por el observador, en busca de la masturbación o excitación
La pornografía crea adicción, lo oculto, lo prohibido se conecta con necesidades sexuales vitales y nunca es suficiente. Hay que pasar el umbral, siempre se atraviesa y se busca la experimentación, lo desconocido, lo que nos despierte emociones nuevas.
La línea entre el erotismo y la pornografía están siempre rozándose. Una es sugestiva, insinúa, pero no pone todas las cartas sobre las mesa, especula y promete: abre la puerta de la imaginación. La otra muestra, actúa, se expone, es explicita y directa.
Los soportes de la pornografía
Una o varias personas exhibiendo su actividad sexual, real o simulada. En distintos niveles y soportes, pero principalmente a través de fotografía, imágenes de video, sonido y literatura. En directo, en papel digital o internet.
La pornografía en la literatura es un capítulo aparte pero es tanto más provocadora, aunque menos comercial. En esta era, la imagen lo es todo y es el fetiche indiscutido.
Pero el ámbito de la literatura tiene muchas páginas que contar, principalmente la erótica, que es un género complejo y si hay talento, todo una experiencia al leerlo. La literatura pornográfica es más burda y definitivamente las letras se prestan más para insinuar, crear fantasías e imaginación que abordar el sexo de manera directa y pornográfica.
Sin desbordes y patologías la pornografía es un medio de conocimiento de la sexualidad. Culturalmente hoy el sexo es más que una forma de reproducción que requiere desarrollo. Desprovista de su carga morbosa y voyerista, bien podría ser un espacio de aprendizaje en pareja.